Un día triste y sin saber por qué

Un día triste y sin saber por qué

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Si piensas que sólo las mujeres tienen días en los que su estado de ánimo puede variar de un extremo a otro porque están en sus días y las hormonas están a todo lo que da, déjame decirte que también los hombres podemos sufrirlo. No precisamente por cambios hormonales, sino por otras miles de razones, el punto está en encontrarla. ¿Cómo se hace? No lo sé, o como diría el meme “weno sí sé pero no te wa a decir”. No de momento, primero quiero contarte mi historia, al final podrías encontrar la respuesta a tu mal día.

Hace unos días me desperté de golpe sin razón alguna y sentí esa presión y frío en el pecho que se produce cuando queremos llorar, pero ni una lágrima salió de mis ojos y volví a dormir. Quizá piensas que estaba soñando con algo triste, pero no recuerdo siquiera haber soñado. No suelo recordar todos mis sueños, pero sé cuándo soñé y cuándo no, al menos eso creo. Esa noche, según yo, no soñé nada. Tuve ganas de llorar pero no lo hice, creí que era algo pasajero y que cuando volviera a despertar todo volvería a la normalidad, pero no fue así. Sentía la sensación de estar triste, decaído, desganado y no sabía por qué. No había pasado nada relevante en mi vida, nada extraño, todo iba normal. Incluso debería estar feliz por algunos planes que tenía en días siguientes. Pero mi cuerpo, mi alma y mi corazón estaban achicopalados. Sentía como se contraía mi pecho y debía resistir las ganas de soltar algún suspiro o evitaba que alguna lágrima rodara por mis mejillas.

Al llegar a mi trabajo en las oficinas de una almacenadora (Si quieres saber más sobre esta información o empleo, te invito a que visites Intelideck.com) me acerqué a mis mejores amigos para contarles mi situación. Comenzaron a bombardearme con preguntas  para tratar de identificar el origen de mi sentir, les contestaba pero no lográbamos dar con la respuesta. Me estaba desesperando, ya que no era normal que me sintiera así sin ninguna razón aparente. ¡Estaba triste sin que nada haya pasado! Repetía las mismas preguntas que me hicieron mis amigos y daba las mismas respuestas, me esforzaba por dar otra, pero sentía que era mentira, que estaba saturado de emociones. Así que simplemente decidí estar triste, con o sin razón, dejé que fluyera. No me desquité con nadie, simplemente me puse a escuchar canciones melancólicas, si no tenía ganas de reír no reía, ni siquiera escribía mi clásico “jajaja”. Dejé que la tristeza fluyera a mares.

Terminó el día y simplemente no supe por qué me sentía así, llegué a la casa, me cambié y me tumbe en la cama. Irónicamente sonreí y una lágrima brotó, recorrió mi mejilla, se fundió con mi almohada y caí rendido, dormido. Al día siguiente, todo estaba normal, como si mi cuerpo sólo hubiera querido sentirse triste un día. Eso me hizo preguntarme: ¿Hace cuánto que no expreso que me siento triste? ¿Hace cuánto que me aguanto la tristeza y sólo aparento felicidad? Quizá por eso, simplemente, salió.

INFO: Intelideck,

El video es tomado del canal de YouTube: David Solis

FUENTE: El Economista

 

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